martes, 26 de abril de 2016

EL RECUERDO EN LA PIEL

No me quiero dormir con ese taladro sufriente en la calle. Así no, eso no es dormir. No quiero meditar con esos gritos de espanto allí afuera. ¡¡¡¡NOOOO!!!! Tal vez, si no me hubiera enfermado, si mi madre o padre no hubiera…o hubiera… Si hubiese nacido en Suiza, o en otra familia, o con otro sexo… Si no hubiera dicho, hecho, creído…quizás…todo habría sido diferente…mejor…o peor…cómo saberlo? Y ahí va la luna a dormir justo cuando al sol se le ocurre aparecer sobre el horizonte. Así es el sol, siempre puntual, naturalmente responsable. Aparece cuando le toca. De nada vale pretender lo contrario. Con esa aceptación ecológica, solidaria, altruista, de seguir calentándonos a pesar nuestro. Ni se le ocurre competir con la luna para ver cuál brilla mejor. No hay envidia ni celos entre ellos. No hay necesidad de queja, simplemente, porque ninguno es víctima. “Si te toca…ni que te quites, si no te toca…ni que te pongas”. Ni celos, ni venganzas. Ni arrastres de heridos EGOS ofendidos por el mundo, Desquitándose con guerras frías, ausencias o agravios. No opone el mar ninguna resistencia a la lluvia, como hace el SER para defenderse de su propia liberación, su enfermedad, sus síntomas, con toda la crueldad de sus defensas. Arremete ciegamente contra la mano amiga, el corazón amante que le lame las heridas, privándolo del lamento eterno, de la queja eterna. Espanta lo que añora. Teme lo que AMA. Aleja sus sueños. Y cuando se encuentra transitando por milésima vez el mismo sendero de queja, creyendo que va por el atajo, se sorprende a sí mismo preguntándose: “¿Pero no anduve por acá antes?”. Para cuando se da cuenta de lo que está haciendo, si es que eso sucede, se lamenta otra vez, se queja. Porque ese camino que recorrió, no lo satisface. Lo tomó por disgustado, por apenado, por vengativo o para demostrar vaya a saber a quién, vaya a saber qué cosa, vaya a saber para què! Y ahí se queda, aislado y enojado, enroscado en sus tensiones y deseos de venganza, por sus propias frustraciones. Carente de gratitud. Olvidado de los que junto a él caminaron. Negando lo vivido. Renegando de todo lo que los ha unido, de los momentos compartidos. Aquellos maravillosos recuerdos de esa vez que…o aquel día cuando…los dolores divididos para que dolieran menos, las felicidades repartidas para que salpicaran mas…nada, nada sobrevive en la amnesia emocional. Frío, distancia, olvido, la falta que llena de ausencias. Y uno se pregunta: “¿Qué pasó?” “¿Qué hice mal?” “¿En qué me equivoqué?” Porque es tan grande el AMOR, que es preferible asumir esa locura como propia, que aceptar que quien tanto AMAMOS, es capaz de actuar de semejante manera, en pensamiento, palabra y obra. Un verdadero acto de AMOR que consiste en asumir la locura o enfermedad ajena como propia, antes que ver desplomarse ante nosotros a la encarnación del AMOR hecho pedazos. ¡Cuánta cabeza gastada en tanto razonamiento absurdo! Pasos y pasos y kilómetros pensando que vamos por otro camino y siempre estamos en los mismos dos metros cuadrados. Resistencias, obsesiones, angustias, elucubraciones. ENOJOS, VIEJOS RENCORES INDISCRIMINADOS. A tal punto que hay que “hacer el mal sin mirar a quién”. Total, perdida la referencia, ya no sabe el SER distinguir por momentos, entre una mesa, un globo o un elefante. “Lo mismo un burro que un gran profesor”. Cosifica las relaciones, los vínculos, convirtiéndolos en utilitarios y cuando su necesidad o capricho se acaban, todo aquello que se presentaba como tan maravilloso, se tira por la borda en un instante y que se rompa en mil pedazos. Nada importa ya. Pero a pesar de él mismo, olvida que nacen y nacen y nacen ideales, designios, sueños, a cada instante, como una lluvia de estrellas. Hay una FUERZA que todo lo genera y todo lo transforma, que empuja, empuja, empuja fuerte contra viento y marea y a su favor. Aunque a algunos les suene cursi, se le sigue llamando VIDA. HOY, AQUÌ, EN ESTE LUGAR LLAMADO UNIVERSO Y MÀS ALLÀ. Y cuántos que no encajábamos en este espacio, donde nos sentíamos sapos de otro pozo, terminamos dándonos cuenta de lo peligroso que era adaptarse a determinadas pautas socio-culturales PRE-establecidas y terminamos por encontrarnos en la libertad. Desechamos lo impuesto desde afuera, para poder rescatar lo más auténtico de nuestro interior. Ya no alcanza el criterio de humanidad como erudición humana. Sigue esperanzado en ese apasionante sacramento de la VIDA. Ahí donde la piel no miente. Donde los cuerpos se reconocen. Ahí donde no importa que nos hayan olvidado o matado. Es un lugar donde la indiferencia no llega, la ausencia ya no es cruel. Donde la venganza incomprensible no cabe. Un lugar donde la gratitud se manifiesta por sí sola. Donde no se puede asesinar al AMOR, ni a lo vivido. La piel, el contacto, los cuerpos. Esa huella que quedó grabada en cada caricia, abrazo, beso, apretón de manos. ¿Cómo mentir con los cuerpos? Mamà, papá, hijo, hija, hermano, hermana, amigos y amigas, Maestro, Profesor, alumno, paciente, amante, novio, novia, esposo, esposa, perro, gato, vecino, astronauta… Cada palabra tuya, cada gesto, cada mirada ocupa un lugar en mi vida. Aunque no quieras. Es así. No se puede evitar. Sería tan maravilloso que lo tuvieras en cuenta. Cada detalle, por pequeñito que te parezca, es absolutamente importante. Porque la suma de todos ellos, pueden significar la diferencia entre salud y enfermedad. En ese instante en que me tocan tus palabras o la falta de ellas, tu intención, tus miradas, tu presencia o la eterna presencia de tu constante ausencia, en cada vació de vos, en cada falta, en cada descalificación o cada halago, los cuerpos se reconocen en la intención de los sentidos y se graban. No es un pensamiento. Es una sensación que perdurará por siempre. Por eso, cuidala. Porque tanto puede ser un arma de destrucción masiva, como la vacuna contra la mayor peste que jamás haya enfrentado la humanidad. No existen palabras que puedan expresar los sentires genuinos. Y si no podès, no sabès o no querès reparar, si no reconocès o me reconocès, si lo vivido es un cero a la izquierda o el AMOR PROPIO es más importante que el verdadero AMOR, tengo la posibilidad de cerrar los ojos y recordarte. Recordar cada instante, año tras año, vida tras vida, uno mas uno mas uno mas uno mas uno…y resguardarte en el fondo de mi alma, hasta que la imprevisibilidad del viento de tu corazón se aquiete en el calor de un abrazo pecho a pecho. Desde el alma y con el corazón. Liliana Marcela Pèrez Villar lilianamperezv@gmail.com FB: ANAMCARA CENTROS DE ENERGÌA