lunes, 26 de mayo de 2014

CUSCO. SAN BLAS- MERCADO CENTRAL. GASTRONOMÌA

Ya vengo llegando. Sin lograr ponerme al día aún. Mucho que hacer y la compu que anda como quiere. Me faltó hablarles de San Blas, un barrio de artistas, con hermosas casitas estilo colonial, donde las calles son tan angostitas, que hay que turnarse para pasar entre autos, taxis y peatones. Artesanos, ebanistas, talleres-galerías, figuras realizadas en arcilla sobre el hombre andino con grandes manos y pies y mirada triste, que transmiten el dolor de la raza, piezas de cerámica imitando el arte Inca y tejidos.
También se pueden tomar un café o comerse una pizza a la leña. Pero sin lugar a dudas, la experiencia más excéntrica que vivimos fue “sumergirnos descaradamente” en el Mercado Central. Está muy bien saber que existe el Museo Precolombino, pero nada puede compararse con el M C, también llamado Mercado de San Pedro, cerca de la Plaza de Armas.
Ahí se conocen los verdaderos gustos y hábitos del lugar. Un laberinto de tentaciones para todos los gustos. Y como decía Oscar Wilde: “A lo único que no me puedo resistir es a las tentaciones”. Y nos tentamos. Compramos queso (me reservo la anécdota), frutas como el Pacay ( envuelta en grandes vainas de color verde oscuro, en cuyo interior se encuentra el fruto comestible, como un algodón de color blanco embebido en néctar, que recubre una semilla o "pepa" negra), Chirimoya (que quedó en el hotel), panes, fruta seca.
La gastronomía es un camino aparte, a tal punto de haberse creado circuitos turísticos internacionales basados exclusivamente en él. La diversidad de frutas y verduras en Perú es alucinante. Los sabores deliciosos. Los he probado casi a todas las dos veces que estuve allí y en distintas zonas, en postres, bebidas, solas… un deleite para los sentidos.
La lúcuma, la tuna, el tumbo, el guaranà, el camu camu, el maracuyá… Hay 200 especies de papas!!!! El camote (como la batata), podría seguir infinitamente, tal es la riqueza de estas tierras.Maiz de todos los colores y tamaños, muchos de los que terminaràn en Chicha.
También hay puestos de comida económica muy austeros donde los locales almuerzan por unos 10 soles. Lleno de gente, como cualquier mercado que se precie de tal y perros que viven en la calle, adoptados comunitariamente y Perros sin pelo del Perú, raza pura y representativa del país.
Hay tiendas de todo tipo, donde predominan las santerías. Cuelgan carteles por todos lados, invitando a los turistas a “probar” la experiencia de la ayahuasca, envasada en botellitas listas para iniciar un viaje espiritual al paso (experiencia que debe hacerse en otras condiciones y bajo otras premisas según mi humilde opinión).
Allì mismo se puede hacer compras al estilo Once porteño, zapatos, ropa interior, frazadas de lana, tanto como productos de tecnologìa. Pasamos tres noches, 4 dìas en Cusco, pero en realidad es interminable. Si uno se siente a gusto, puede encontrar algo sorprendente, detrás de cada esquina. Y sin duda lo encontramos al regresar de Machu Picchu, en las ùltimas dos noches que nos quedamos. Pero eso…en la pròxima. Desde el alma y con el corazón. Liliana Marcela Perez Villar lilianamperezv@gmail.com FB: ANAMCARA CENTROS DE ENERGÌA

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