domingo, 5 de julio de 2015

DEL MIEDO A LA VIOLENCIA, CULPA Y MANIPULACIÒN.

Cuando no somos capaces de contactar con nuestras emociones y sentimientos con sinceridad, menor es el quantum de energía que tenemos para el día a día. La vida se nos presenta como un rompecabezas cuyas piezas son acomodadas de acuerdo a la realidad que cada uno vea. Por eso, la sinceridad es la mejor forma de sentirse libre y disponer de suficiente energía. Pensar al mundo en lugar de sentirlo, vivirlo en términos intelectuales, es tan diferente de sentirlo, como lo es beber agua de ser agua. El apelar a los mecanismos de defensa creyendo que así “manejamos” lo que sentimos, puede distorsionar nuestra percepción de lo vivido. Pero eso no significa que lo que sucedió cambie. Como si se creyera en una especie de exorcismo de los sentimientos a través del pensamiento, de la palabra. Eso no los resuelve, no los elimina, siguen ahí camuflados, escondidos y sólo se resuelven encarándolos. Buscar un “culpable” afuera no los hace menos hirientes ni peligrosos, no los minimiza. Deben transitar un recorrido natural. De nada sirve disfrazarlos, manipularlos o negarlos. Las emociones negativas así como los sentimientos dolorosos no desaparecen haciendo de cuenta que no existen y mucho menos, encajándoselos a otro, como una papa hirviendo en las manos. Es un manotón de ahogado que no puede pensar en nada, sólo en salvarse. Hunde al más cercano, no por maldad, sino para evitar morir en el intento. Es similar al dolor físico., se responde retirando la parte del cuerpo lesionada o amenazada, automáticamente. Despierta un alerta que nos dice que nuestra integridad está en riesgo. Con sus defectos y virtudes, dicha integridad es la que nos trajo hasta el día de hoy y la sensación es que hay que proteger lo dañado. Si es emocional, arrancamos desde antes, y naturalmente hay que evadirla y si no es posible, se convierte en una amenaza innegable. Cuando todo esto ocurre, es esperable y comprensible que nuestros niveles de energía desciendan y nos sintamos desesperanzados y angustiados por un tiempo. Podemos sentir que hemos perdido nuestra creatividad y alegría. Incluso estar sexualmente adormecidos. Si permitimos que esto siga su curso natural, sin exigencias, lo iremos recuperando. Las defensas que niegan las lesiones y sufrimientos, también suelen negar los buenos recuerdos. Cuando no necesitamos negar lo vivido o distorsionarlo, somos libres de ir y volver al pasado para rescatar esos sentimientos y actualizarlos, repararlos, y traerlos al presente para regenerarlos. Abiertos, crecemos, evolucionamos. Si nos cerramos, si nos ponemos a la defensiva y agresivos, nos empantanamos y quedamos ahí, estancados. Cuando ese enojo, esa energía es dirigida hacia fuera, porque no se la puede dirigir hacia su fuente original, es percibida como culpa. Si no se desactiva este mecanismo a tiempo, puede terminar en depresión. Si somos concientes de nuestras fallas, pero no podemos aceptarlo, iremos por la vida tratando de ocultar lo que consideramos “defectos”, que es la mejor manera de hacerlos mas visibles para todos, menos para nosotros mismos. Protegemos nuestra vulnerabilidad en el mejor de los casos, y nuestra susceptibilidad en el peor, que es una sobre reacción, para asegurarse que nadie se atreva a meterse con nosotros. Por el contrario, cuanto mas fingimos que no podemos ser heridos, más nos engañamos, que no estamos involucrados íntimamente con nuestro entorno, ni la vida en general. La Culpa es “un invento del pensamiento (diría Krishnamurti). Ese pensamiento nos lleva a vernos como crueles, llenos de reclamos, con muchas broncas hacia nosotros mismos, acumuladas y reprimidas a lo largo de nuestra existencia. Nos escuchamos diciendo que nos lo merecemos. Un ser que se siente culpable mortifica a quienes lo rodean, tan solo con su presencia. Pone énfasis sobre lo negativo e ignora lo positivo. Sufre. Envidia y planea venganzas en silencio, incomparables con cualquier película de terror de las que se precien de tal. quien mas, quien menos, todos en algùn momento nos sentimos culpables por algo, quien se siente culpable reactiva en nosotros recuerdos o situaciones que nos inquietan. Irrita y agota. Descalifica. Como su enojo es indiscriminado y extemporáneo, es imposible de justificar. Se siente cruel y piensa que el cruel es su víctima y termina manipulándola a través de la culpa. Una deuda que no se salda nunca, sólo cuando decida deponer las armas y renunciar a sus ocultos deseos de venganza (a veces no tan ocultos). Hay que tener en cuenta su padecimiento y sufrimiento. Realmente sufre. Se pone envidioso, celoso, se siente malvado, cruel, sádico y piensa que esto va a ser siempre así. Hay que entenderlo, pero no dejarse manipular y poner límites al daño, para preservar la relación, preservarlo del daño que se pueda auto infligir y el que pueda causar a sus “elegidos”. Va por la vida con una bomba en la mano. La mecha se enciende en el presente, pero estalla en el pasado. Se potencian. Un acontecimiento presente que sería irrelevante para cualquiera, dispara un mecanismo que se mete en el túnel del tiempo y llega a su origen y su manifestación es explosiva, desbordante, confusa, o camuflada. Para liberarnos de todas estas situaciones inconclusas emocionales, debemos aceptar nuestros lados oscuros, sin pensar por eso que somos menos, que no nos merecemos un muy bien 10 felicitado. Dejar de jugar al occiso, enterarnos, aceptarnos, bajar nuestras expectativas y niveles de exigencia y soltar. Darnos el permiso para sentir lo que sentimos. No hacer como si sintiéramos. No nono. Sentir. No somos malos por estar enojados. Lo malo es enojarnos con la persona equivocada, en el momento equivocado, por no hacerlo en el momento debido y con la persona correcta. No podemos aceptar sentimientos que no reconocemos. No tener miedo a perder el famoso “CONTROL”. Enterate, nunca “controlaste” nada en tu vida, aunque te guste creer que si. Cada vez que aparece la violencia, la primera pregunta que hay que hacerse es: ¿A qué le tengo miedo? Y ojo que la violencia no es un cachetazo solamente, eh! Se puede decir una aberración, se puede ser sumamente hiriente, descalificador y agresivo, con una sonrisa en la boca y políticamente correcto. ¿Puedo aceptar la parte de responsabilidad que me toca en haber causado un daño, un sufrimiento o culpa a alguien? ¿Esta reacción desproporcionada que estoy teniendo es por algo que está pasando aquí y ahora? ¿Hay una amenaza real? ¿Hay alguna cosa de mi mismo que no quiera ver o aceptar? Estas preguntas te van a servir para encarrilar cuando derrapes. Hay una jurisprudencia afectiva en las relaciones, que se genera a través de los años, del tiempo. Debemos aprender a distinguir si lo que estamos viviendo está respaldado por conductas que ya han aparecido en otros momentos y también tenemos el derecho a decir basta o, si no hay antecedentes, primero siempre confiar. No malgastar energía. Los sentimientos sin sinceridad son sobre adaptaciones, son defensas. Abrirnos a los sentires genuinos y tomar responsabilidad en nuestros actos. A la culpa, sigue la disculpa. Reparar el daño, si hay algo que rescatar. Regenerar y Renovar. Desde el alma y con el corazón. Liliana Marcela Perez Villar. Facebook: https://www.facebook.com/pages/Anamcara-Centros-de-Energ%C3%ADa/51043297182

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