domingo, 28 de diciembre de 2008

Dí Sí En bre.


Pasaron los 40 días de purificación, ese proceso de evolución que nos llevará a la renovación y a la pureza del espíritu. Esa especie de bautismo por la inmersión en las aguas, la ecuanimidad, la justicia y su relación con el alimento:”El justo come y satisface su cuerpo, mientras que el estómago del malvado siempre se siente vacío” (Proverbios 13:25). Como toda lectura de Libros Sagrados, dependerá de la interpretación que cada quien le dé a lo leído, basado en su idiosincrasia.
No se trata de un falso fundamentalismo, todo lo contrario. Es época de cuidado, de despojarse, que no responde al prejuicio, responde a un conectarse con el mundo inmaterial, junto con la magia, con lo prodigioso. La asimilación, que una vez más nos conecta con el proceso de la digestión, con el estómago. Digerir y asimilar todas esas experiencias vividas, o las que deseamos haber vivido y no vivimos, que aún nos generan pesadez, desgano, que nos “hinchan”, que andan rondando y regurgitando en nuestra esencia y nos inhiben la posibilidad de estar en paz. El no poder aceptar aquellas situaciones dolorosas que nos han sido dadas en vivir, y que nos van contaminando los sentires y nos convierten en espíritus sufrientes deambulando por el universo haciendo lo que podemos con ello, lo que dependerá de la evolución espiritual de cada uno. Incluso creyendo haber “digerido”, “asimilado” situaciones sufrientes, en el momento menos esperado algo se desacomoda, algo aparece que resuena con aquella u otra experiencia y nos encontramos nuevamente, en la misma telaraña, emboscados emocionalmente como si el tiempo no hubiera pasado. ¿Qué hacer?
-Purificación, ajustar o corregir la alimentación, asimilación, digestión.
-Respirar adecuadamente.
-Confiar.
-Dar.
-Rectificar y/o ratificar lo vivido.
-Corregir de ser necesario. Puede que la vida nos de la posibilidad de hacerlo con otro u otros, o que el trabajo de corrección sea interno solamente.
-Tomarnos, diariamente, un tiempo para trabajar nuestra energía corporal estancada, a través de la práctica del movimiento, la Meditación y la Oración.
Apoyarnos en la energía de los elementos:
•El agua, la separación de las aguas, la distribución de los líquidos del cuerpo.
•El aire, indispensable para la vida del cuerpo físico. Inspirarse
•La tierra con su capacidad de contener el agua sagrada como un cántaro.
•El fuego que convierte en cenizas lo impuro, lo descartable. La hoguera de las emociones, pero también, el fuego del corazón, ese emperador tirano e ingenuo, tan dependiente de la pureza o contaminación de sus informantes emocionales para su toma de decisiones y elecciones.
•La madera de ese ser como menciona el dicho: “Es de buena madera”, pero puede ser mala también como producto de la enfermedad. Un árbol puede ser re direccionado con un buen tutor, con cuidado y nutrición. No desespere, suele tener arreglo.
•Y el metal, abandonar la nostalgia y renovar los recuerdos. “Apartar las piedras del camino”, “sacar el palo de la rueda” para que pueda seguir avanzando por ese camino, que cada uno de nosotros ya tiene previsto, por Fuerzas mas allá del plano de lo humano.
A veces resulta muy difícil vivir en el sentido de la trascendencia en una sociedad banal, consumista, competitiva y violenta. Quien no cree, ni confía, pone el timón de su vida al servicio del miedo y la sospecha. Su hacer queda entonces gobernado por su mente, por lo que cree que “le conviene” y no sigue los latidos de su corazón. Es cuando “tranza”. Se olvida de quién es, comercia y eso…nunca sale bien. Quien vive conectado con su más auténtico sentir no se equivoca, aunque se equivoque. Pero quien vive como esclavo de su mente, y no puede bajar de la cabeza al corazón, aunque haga lo correcto, puede tomar por el camino equivocado.
Diciembre. Mes de sabiduría y comprensión. No pierdan el tiempo con “balances consumistas”. Simplemente, con observar y corregir, con proponerse limpiar, purificar sus emociones y confiar…ya es mucho más que suficiente. Es muy buen momento también para actualizar su sentir genuino y, no sea tacaño, expréselo abiertamente. Si hay algo que pueda hacer para aliviar el pesar de otro ser, hágalo. Hágalo ya. Hoy. Ahora. Hágalo en Diciembre y todo el año. A veces es tan simple…no se trata de rezar una oración para redimir nuestras acciones. Orar es maravilloso, pero además, corrija, haga su “día del perdón” diario, discúlpese de corazón y restituya lo dañado, no es poca cosa. Y luego, cuando cobre sentido su fin de año, brinde todo lo que quiera sin hipocresía, sinceramente y como un “ser humano” disponible, generoso y bondadoso, a pesar de sus fallas humanas.
Recuerde que después del 31 de Diciembre viene el 1 de Enero. El mundo no se acaba a fin de año. Que sea feliz y pueda dar felicidad a cualquier ser viviente.
Con el alma y desde el corazón. Liliana M. Pérez

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