sábado, 19 de febrero de 2011

DIME CÓMO CAMINAS… Y TE DIRÉ QUIÉN ERES


Dime cómo te mueves y te diré quién eres. En cada gesto, cada expresión, en la mirada, en el tono muscular, en la manera en que se apoyan los pies, las rodillas, las caderas, LA COLUMNA VERTEBRAL, las luces y sombras del cuerpo, están atesoradas todas nuestras experiencias de vida. Caminamos, danzamos, nos movemos, como somos, como nuestras tensiones, libertades y esclavitudes nos lo permiten. Y así como decidimos callar muchas veces, “De esto no se habla”, también hay una decisión interna, con o sin conciencia, de no mover, es más, ir enyesando día a día, partes del cuerpo bajo el mantra: “Esto no se mueve” y sus variables: “Esto no se mueve más de esta forma”; “Esto no se mueve nunca más”; “Esto no se mueve más, por un tiempo”; “Esto no se mueve más hasta que…”. Son decisiones internas que se toman, generalmente, para “protegerse del dolor”, “para no sufrir más”. Las repetidas desilusiones, frustraciones, las resignaciones, los delirios de grandeza perseguidos o abandonados, la búsqueda de reconocimiento, de prestigio, la dificultad de adaptación a los cambios, los deseos de imponer lo propio, el hábito de mandar, de colocarse en el lugar de “esto es así porque lo digo, lo siento, lo pienso o lo hago SHO”, la queja, el reproche, los celos, la vanidad, ser complaciente sin que eso provoque felicidad sino esfuerzo y sobrepeso, el deseo de poseer, el orgullo, el destacarse, descollar, poseer, la exigencia de ser “The one and only” , el mejor, muy bien 10 felicitado, la falta de flexibilidad…podríamos seguir infinitamente. TODO ESTÁ IN-CORPORADO. ( metido en el cuerpo). Y cuando hay trabajo interno, cuando estamos en condiciones de hacer una LECTURA CORPORAL SIN PROYECTAR NUESTRO MUNDO INTERNO SOBRE LOS OTROS, es tan, pero tan, pero tan maravilloso, tan conmovedor, que puede llevar hasta las lágrimas, no por tristeza, sino por emoción. Cuando en las clases de M.O.V.E.R.S.E, o en un masaje, un trabajo corporal al que llegamos de varias maneras, una puntura, una moxa, un “chikung de la palabra”, logramos la conexión con lo esencial, se empieza a responder a esa invitación a SANAR. El desafío es NO DEFENDERSE, NO ENOJARSE, NO OFENDERSE O DESCALIFICAR, cuando descubrimos o nos marcan, siempre y cuando sea con AMOR Y RESPETO, esas partes oscuras, enyesadas, ocultas de nuestra PERSONALIDAD, que se fueron instalando en el cuerpo y van ganando terreno progresivamente. Porque el dolor, la rigidez, la falta de movimiento, los problemas articulares…llegan para darnos la oportunidad de ajustarnos y centrarnos. “ALGO ESTÁ FUNCIONANDO MAL”. Bueno…veamos qué es…si logramos conectar con ese SECRETO, tan cuidadosamente custodiado a veces, lograremos ir des-andando el camino de regreso a su origen, para poder corregir, rectificar o ratificar. Permítanme un comentario sobre AVATAR, película que recién pude ver ayer, por falta de tiempo. Creo que la síntesis mas escueta relacionada con nuestro trabajo es LA PREVIA CONEXIÓN que debe existir antes de… antes de todo. Para poder AMAR, SANAR, HACER, antes debemos unir los flecos de la cola con lo esencial. Conectar ALMA A ALMA. Desde ahí…todo es posible. Sin esa conexión, es navegar un barco a ciegas. Sucede que se toman decisiones en algún momento de la vida, como mecanismos de defensa, o para que no nos vuelva a pasar esto o aquello, o por venganza o por lo que sea y se sostienen sin volver a paritarias. Y un día aparece el dolor en la espalda, la rigidez de la cadera, las complicaciones con las famosas rodillas, los hombros congelados, las tendinitis…como si fuera algo que NADA TIENE QUE VER CON NOSOTROS. ¡Vaya a saber quién me puso este dolor en mi rodilla! No somos Highlander, hemos perdido la cabeza varias veces. Ninguno de nosotros está exento de atravesar por un tiempo de enfermedad como un buen tirón de orejas, un “correctivo” y en algún momento, aunque vivamos en el sentido de la trascendencia, lo que nos convierte en inmortales en cierta forma, vamos a transmutar, marcharemos para otros domicilios. Porque no está en nuestras manos. ¡No importa cuánto meditemos, oremos, chikuneemos o cuánto nos M.O.V.A.M.O.S! Pero eso sí, vamos a vivir CON SENTIDO, CON CONCIENCIA, CON SOLIDARIDAD, CON HUMILDAD.


Y, aunque Usted no lo crea, esto se ve cuando bailamos, al subir la escalera, cuando dormimos, cuando hablamos…el MIEDO, la BRONCA, la PENA, las OBSESIONES, PREOCUPACIONES, la NOSTALGIA… está todo grabadito e instalado en el cuerpo. Por eso, HAY QUE M.O.V.E.R.S.E., para que entre un golpe de aire fresco en esas articulaciones ardientes, para suavizar la mente y ser menos rígidos. Y todo esto, no es una sentencia irreversible, algo que llegó para quedarse. Si nos atrevemos a meternos con lo que nos pasa, si no lo disfrazamos de otra cosa, si lo trabajamos, si somos capaces de pedir ayuda y SABER ELEGIR A QUIÉN PEDÍRSELA, todo va a ir volviendo a su centro. Te sorprenderías de los cambios profundos que se llegan a lograr cuando trabajamos en serio.

¡Mejor animarse y meterse, que defenderse o burlarse!. La soberbia no es buena consejera. “¿Esta quién se cree que es para decirme esto a MÏ?”. Esta es una resucitada en varias oportunidades, una laburanta de las conductas humanas, una enamorada de la vida, que aunque a veces se cansa de la estupidez humana, tiene un alma de Quijota que la empuja a seguir con los molinos del viento. Y todo…es posible. Abrir el corazón, como siempre decimos, bajar de la cabeza al corazón y tener presente que sin Compasión, es muy difícil AMAR. CON-MOVERSE. Es como aprender a caminar de nuevo, pero bien vale la pena.
Los espero para MO.V.E.R.N.O.S juntos.
Desde el alma y con el corazón.
Liliana Marcela Pérz Villar.
lilianamperezv@gmail.com

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